Luis Razeto Migliaro

LAS NOVELAS DE LUIS RAZETO (entrevista).

Por Nathalie Hugges A.

Luis Razeto me recibe en su casa en el campo. Me explica que el lugar donde vive se encuentra “a la distancia justa de Santiago”. Quiere decir de ese modo que está suficientemente lejos como para que hasta allí no llegue el ruido ni la confusión de la gran ciudad, y suficientemente cerca para llegar la ciudad en muy poco tiempo cuando es necesario. Me muestra lo que hay en la parcela: un museo campesino, una ruca mapuche, un invernadero, un huerto, pequeñas crianzas de llamas, cabras, conejos y gallinas. Después, en el salón de su casa, responde mis preguntas en completo orden, como si estuviera escribiendo. A continuación no hago más que transcribir la conversación, haciendo apenas modificaciones a la grabación de la entrevista para facilitar la lectura.

NH. Me ha sorprendido encontrarme con Luis Razeto como escritor de novelas y de libros de ficción. Desde hace años que conozco y leo tus libros de economía solidaria, tus propuestas de una nueva civilización, y algo de tus obras filosóficas sobre el conocimiento comprensivo de la complejidad. Son todas obras teóricas, analíticas, abstractas y de pensamiento sistemático. ¿Qué es lo que te ha movido a incursionar recientemente en los lenguajes y las formas literarias de expresión, o sea, a escribir novelas?

LR. En verdad esto no es tan reciente. Mi primera novela - “Lo que intensamente se desea” – la escribí hace como veinticinco años.

NH. Pero nunca la publicaste. ¿Por qué?

LR. Diría que por pudor. En parte porque la novela incluye escenas eróticas. En parte porque en la novela expuse ideas arriesgadas que no me atrevería a sostener en un escrito filosófico o científico donde es necesaria la rigurosidad y la fundamentación analítica. Y sobre todo porque imaginé que fácilmente los lectores pudieran pensar que el relato tiene mucho de confesión autobiográfica, dado que se encuentra ambientada en lugares y contextos en que yo había vivido, y porque un personaje principal – un científico que enseña en una Facultad de la Universidad en que yo enseñé un tiempo -, dice cosas que yo he expuesto en mis clases y libros. Como siempre sucede en las novelas, la ficción y la realidad se entrelazan de mil maneras, y sólo el autor puede distinguir lo vivido y lo imaginado, todo ensamblado y representado a través de personajes y hechos ficticios. Cuando escribí esa primera novela la mandé a un concurso literario, firmada con un seudónimo, pero me arrepentí de hacerlo y la retiré. La leyeron cinco personas a las que pasé el manuscrito, que quedaron encantadas con la obra, pero la valoración tan positiva que me dieron no fue suficiente para superar la resistencia que yo tenía para hacerla pública.

NH. Entonces no puedo dejar de preguntarte ¿cómo se relacionan tus novelas con tu vida y con tus experiencias personales? ¿Puedes contarme algo de esto?

LR. Es una muy buena pregunta, pero muy difícil de responder. Lo primero es que distinguiría lo que son los ambientes, lo que se refiere a los personajes, y lo concerniente a los hechos o la trama de la novelas. La mayoría de los ambientes son reales. Me refiero a los ambientes en el sentido de los lugares donde ocurren los hechos, como también a los contextos sociales y culturales. Sin embargo hay que considerar que tres de mis novelas – “Lo que Intensamente se Desea”; “Los Cuadernos de Juan Solojuán”; y “El Viaje de Ambrosio” - se desenvuelven entre los años ochenta y noventa del siglo pasado, o sea hace veinte o treinta años; y otras tres - “La Conferencia de Matilde”; “La Singularidad de Antonella”; y “El corazón de Lucía” - se desarrollan en el futuro, entre el año 2056 y el 2064. En estas últimas, los ambientes y contextos son proyectados en base a las realidades y las tendencias económicas, políticas y culturales de hoy, y en tal sentido, aunque son situaciones imaginarias, tienen un sentido histórico y social que podría entenderse como de ficción realista. Yo digo que son novelas de anticipación histórica, con algo de ciencia ficción.

NH. Bien, eso sobre los ambientes. ¿Qué puedes decirme sobre los personajes de tus novelas? ¿Son de algún modo representaciones de tí mismo? ¿O de personas reales que conociste? ¿Qué hay de autobiográfico en tus novelas?

LR. Los personajes son muchos y no todos están elaborados del mismo modo. Algunos personajes, como el profesor Fernando San Julián, la esotérica Madame Madayanti, el padre Pedro, el abogado Tomás Ignacio Larrañiche, Antonella y Vanessa, por nombrar algunos, están inspirados en personas que he conocido en diferentes momentos y circunstancias; pero todos ellos, convertidos en personajes de las novelas, están reelaborados, y a menudo en cada uno se combinan los rasgos de diversas personas. Trato de que todos mis personajes tengan algo de universal y de eterno, manteniendo sin embargo su peculiar singularidad, su ser de aquí y de ahora. Y es probable que todos ellos tengan también algo de mí mismo.

Pero hay algo más que quisiera decir sobre el modo en que construyo los personajes. Ellos van evolucionando en el tiempo, a lo largo de una novela o al reencuentrarlos en novelas sucesivas. Un novelista vive los personajes como lo hacen los actores y actrices cuando los representan en el teatro o en el cine. Para representarlos, ellos deben convertirse en cierto modo en sus personajes, sentir como ellos, pensar como ellos, comportarse como si fueran el personaje que representan. Como novelista me sucede algo similar. Yo debo identificarme mentalmente con cada personaje de las novelas. Sólo así resultan personajes creíbles, reales; de otro modo no serían genuinos, verosímiles, coherentes, complejos en su sentir, en su pensar, en su relacionarse y en su actuar, como somos los seres humanos reales. Siento que los personajes femeninos se me dan muy bien; pero me resultan más difíciles de crear. Ahora bien, a medida que voy creando un personaje, que lo hago vivir, actuar, relacionarse, comportarse de ciertos modos, voy empatizando con él, y espero que el lector también empatice con mis personajes. Que implica, en alguna medida, también empatizar conmigo, el creador de ellos. Aunque se trate a veces de personajes perversos, o moralmente dañados, los empiezo poco a poco a amar y a entender mejor, a medida que se van configurando. Y tal vez por eso es que los personajes de mis novelas se van haciendo más buenos a medida que avanza la saga. Experimentan un proceso exactamente contrario al del personaje de Breaking Bad. Naturalmente, no se trata de algo lineal, ni que todos sigan la misma dirección en sus cambios. Lo interesante es que la evolución se corresponda con sus propias y distintas maneras de ser, y que los cambios que experimentan sean verosímiles y se encuentren justificados, sea por procesos interiores que viven, o por encuentros con otros personajes, o por el impacto de los acontecimientos en que se ven envueltos. Para mí, la parte más entretenida del escribir novelas es la creación de los personajes y la descripción de sus procesos. Como las primeras historias ocurren más de cincuenta años antes que las últimas, varios de los personajes aparecen al comienzo como muchachos que recién se abren a la vida, y en las últimas vuelven a aparecer, pero como ancianos que han aprendido, madurado, evolucionado. Estos personajes mantienen su identidad, conservan los rasgos básicos de su personalidad manifestada en la adolescencia o juventud; solo que ya adultos o ancianos, han llevado a cierta maduración o plenitud las cualidades y los defectos que evidenciaban cuando eran jóvenes. Algunos (pocos) personajes experimentan conversiones que los cambian éticamente; pero tales cambios se encuentran en las novelas justificados, explicados y descritos en su proceso.

NH. Nombraste a Madame Madayanti como un personaje inspirado en una persona real. ¿Puedes contarme algo de ella?

LR. Sí, Madayanti es el nombre que asume para trabajar profesionalmente como terapeuta esotérica Aurora Rocío, una mujer de unos treinta años, hermosa y desinhibida, que siguiendo una búsqueda personal se ha instruido en las más variadas disciplinas esotéricas: ella lee las auras, desbloquea los chakras, interpretaba el tarot, da Reiki, hace reflexología, recomienda hierbas medicinales y flores de Bach, elabora cartas astrales, y es entendida en varias otras disciplinas esotéricas que ha estudiado y que practica, y en las que cree. Cree en esos saberes y prácticas, porque los aprendió de maestros que admira, porque le sirven y le dan resultado, y porque observa que sus pacientes confirman sus diagnósticos y aprecian el valor de sus curaciones. Es una mujer sensual y apasionada, que cuando el joven Ambrosio de dieciocho años llega a su estudio pidiéndole consejo, se siente atraída por el porte esbelto y deseable del joven. Ella comienza un muy sutil y casi inconsciente proceso de seducción, que va excitando al muchacho a medida que realiza sobre su cuerpo desnudo apenas cubierto por una toalla, la evaluación del estado de sus chakras mediante la aplicación de piedras calientes. Después Madayanti, a través de relaciones sexuales amorosas y pedagógicas, cura a Ambrosio de un trauma sexual que arrastra desde su niñez como consecuencia de una educación represiva. Se establece entre ellos una hermosa relación erótica que dura varias semanas; hasta que Madayanti se da cuenta de que continuar esa relación con el joven ya sanado, no sería correcto. Lo comprende al percibir que ha perdido transparencia en sus capacidades de leer las señales misteriosas de sus saberes terapéuticos. Cuando, meses después, Ambrosio vuelve a ella para pedirle consejo y le ruega que le haga curaciones a una amiga afectada por una grave enfermedad, Madayanti le explica que sus conocimientos y energías interiores no son suficientes para curar a la enferma, sino solamente para aliviar transitoriamente sus dolores. ¿Existe en la realidad un personaje como Madayanti? Indudablemente sí. Yo he conocido a varias personas como ella, cuyos rasgos resumo al describirla y al hacerla actuar. Y estoy seguro de que muchas mujeres que practican disciplinas esotéricas podrán reconocerse en este bello, inteligente y sensual personaje de la novela.

NH. ¿Y qué puedes decirme sobre la trama, o sea sobre los hechos, acontecimientos, conflictos y desenlaces que van ocurriendo y que se desarrollan en tus novelas? ¿Hay en tus novelas sucesos reales, o es todo producto de tu fantasía? Por ejemplo, la relación entre Madayanti y Ambrosio, los hechos que la configuran ¿sucedieron realmente a esas personas que dijiste que inspiran al personaje, o es todo ficción?

LR. Diría que es todo fantasía, ficción; pero también tendría que afirmar que es todo real. Porque la seducción de un joven de 18 por una mujer de 30, la relación sexual entre ellos, el erotismo y el amor que despliegan, las prácticas esotéricas, la sanación del trauma sexual, son hechos de común ocurrencia. Pero lo que en la novela voy relatando concreta y singularmente, es pura ficción, fantasía, imaginación, que termina siendo algo enteramente verosímil.

Esto que digo respecto a ese episodio singular vale en alguna medida para todos los hechos que conforman la trama de mis novelas. Pero debo hacer al menos dos dintinciones para responder cabalmente tu pregunta. La primera distinción se refiere a que hay en mis novelas acontecimientos sociales, colectivos, históricos, que se entrelazan con hechos singulares de la vida cotidiana de los personajes. O sea, hechos micro y acontecimientos macro. La otra distinción deriva de que, como te dije, tres novelas están ambientadas en el pasado, a fines del siglo veinte, y otras se desenvuelven en el futuro, en la segunda mitad del siglo XXI. Esto hace diferencias sustanciales. Los procesos 'macro' que corresponden al pasado son reales, en el sentido de que sucedieron históricamente. Pero cuando hago referencia a los fenómenos colectivos futuros, como “el levantamiento de los bárbaros”, “la gran devastación ambiental”, el “derrumbe del poder” y la “dictadura constitucional ecologista”, que ocurren entre la tercera y la séptima década del siglo XXI, obviamente todo eso es ficción. Pero son fenómenos sociales y hechos históricos que pueden ocurrir; incluso diría que es probable que ocurran, si las actuales tendencias de la economía, la política y la cultura no experimentan reorientaciones sustanciales.

NH. Por último, me gustaría saber qué relación hay entre tus libros teóricos, científicos y filosóficos, la economía solidaria y la nueva civilización, con lo que cuentas y comunicas en tus novelas.

LR. También es difícil responder esta pregunta. Diría, muy en síntesis, que en mis novelas expongo lo esencial de mi visión del mundo contemporáneo; lo que pienso de las dinámicas que configuran la sociedad en que vivimos, y lo que preveo respecto a sus futuros probables y posibles. En las novelas trato de representar nuestras realidades, nuestras fantasías, temores y sueños, mediante personajes que aman, se ilusionan y piensan, en situaciones y ambientes diversos, donde ocurren hechos, encuentros, relaciones y actividades que configuran la trama argumental de cada novela. Entonces, en las noveles está mi percepción sobre variadas realidades y distintos aspectos de la vida de hombres y mujeres de todas las edades, que en nuestro complejo mundo latinoamericano se relacionan y actúan, se emocionan y piensan, se angustian y esperan, dialogan y se enfrentan, aman y se distancian, buscando darle sentido a sus existencias cotidianas y a sus vidas sociales. Un hilo conductor es la búsqueda del sentido y el deseo de comprender la dirección de los procesos. Ello a través de personajes cuyas experiencias se entrelazan en actividades, conflictos y acontecimientos que los hacen cambiar y evolucionar a medida que transcurre el tiempo y en que se desenvuelve la trama de hechos, experiencias y acontecimientos que los protagonistas viven en distintos planos, desde sus vivencias interiores hasta los hechos sociales que determinan el curso de la historia. Son vidas que se despliegan en un mundo que experimenta las profundas crisis que ponen en evidencia la agonía de la civilización moderna, y en las que al mismo tiempo se van gestando modos nuevos de vivir, de comportarse, de relacionarse y de actuar, que van configurando una civilización distinta.

En ese contexto, a través de personajes singulares pero enteramente verosímiles, con los que nos podemos identificar, emocionar y empatizar, trato de representar aquello que todos tenemos de universal y de eterno: el amor y el odio, el deseo y el dolor, la angustia y la esperanza, la desilusión y la lucha, pero que se manifiestan en cada uno de modos diferentes, singulares. Y así, también, en mis novelas aparecen la crítica de la civilización capitalista y estatista; la construcción de una economía solidaria; la lucha por una ecopolítica; la concepción de un nuevo sistema penal; la invención de una nueva educación escolar; de nuevas monedas y criptomonedas; en fin, los comienzos de la creación de una nueva civilización. De hecho, a la serie completa de mis novelas la he denominado “Anticipando la Nueva Civilización”. Pero más que teorizarlo, intento representarlo; aunque también en las novelas hay elementos conceptuales, teóricos. Por ejemplo, lo que escribe Juan Solojuán en sus cuadernos; lo que expone Matilde Moreno en su conferencia; lo que discute Ambrosio con sus amigos; el “manifiesto de la transvaluación”. Pero incluso en estas partes más “teóricas”, debe apreciarse la diferencia que hay entre la filosofía y la ciencia por un lado, y la literatura por el otro. Y no me atrevo a decir nada más sobre tu pregunta, por el temor de incurrir en errores o equívocos; porque, a fin de cuentas, uno es autor y escritor; pero las obras, una vez concluidas, son de algún modo independientes de quien las concibe y escribe. Son los lectores los que pueden descubrir los nexos sobre los que me preguntas. Creo que ya estamos ¿no?

Entiendo que con esas palabras Razeto da por terminada la entrevista. No me queda más que agradecerle.

NH. Muchísimas gracias profesor. Por supuesto que tendría más preguntas. Sobre todo me encantaría conversar más sobre algunos personajes que aparecen en tus novelas...

LR. Tal vez en otra ocasión. Aunque sobre los personajes, la verdad es que creo que, sin están bien caracterizados, ellos se muestran y explican por sí mismos en las novelas. Muchas gracias Nathalie por la entrevista. En verdad me interesa mucho que mis novelas se conozcan, que se lean, se difundan, porque creo que le hacen bien a los lectores. Las escribo para eso.

NH. Entonces, permíteme una pregunta más. Tus libros no están en las librerías, no han sido publicados por editoriales grandes, y por eso no llegan a los críticos y tienen pocos lectores. ¿Cómo ves el asunto de la difusión?

LR. Sí, ese es un problema. Porque me gustaría que mis libros de economía solidaria, de teoría comprensiva, de ciencia de la historia y de la política, y los de filosofía, se estudiaran en las universidades mucho más de lo que están siendo leídos y estudiados; porque estoy convencido de que aportan vías efectivas de solución a muchos problemas reales y actuales. Y también quisiera que mis novelas tuvieran muchos lectores, porque como te dije, creo que hacen bien a quienes las leen. Pero tomé una decisión, hace años, de no venderme, por decirlo de algún modo, y de autopublicar mis libros, de modo de mantener la más plena autonomía, de poder siempre crear con entera libertad. Yo no sé si fue una decisión correcta, porque el costo es la pequeña difusión. Pero fue una decisión auténtica, que se corresponde con mi modo de ser. Yo siento la necesidad y el deber de escribir. Pero no siento ni la necesidad ni el deber de vender. No sé vender. Y no quiero venderme. Entonces, sí me esfuerzo para que mis libros se conozcan, y que estén disponibles para el que quiera encontrarlos, pero con medios muy limitados. Yo confío en que, algún día, no sé si pronto o mucho después, mis obras serán descubiertas, y se difundirán, y serán tan útiles como espero que sean. Pero no es mi trabajo vender, ni empeñarme en eso. Lo bueno es que no me interesa nada la fama, y tengo la suerte de contar con otros medios para vivir. Pienso que debo concentrarme en hacer bien lo que me corresponde, que es escribir. Que otros se encarguen de difundir, de vender. Yo no sé hacerlo, y dedicarme a ello me distraería de lo que considero lo más importante, que es realizar mi trabajo. En todo caso, todos mis libros se encuentran en Amazon, para todo el mundo, tanto impresos como en formato digital. El problema es que pocos lo saben.

EL DESAFÍO DE UNA NUEVA CONCEPCIÓN DEL MUNDO Y DE LA VIDA

Luis Razeto Migliaro

Aunque la ideología del progreso – esa que ha marcado a la sociedad humana a lo largo de la civilización moderna, dando sentido y orientación a la economía, la política y la cultura durante varios siglos – se encuentra en crisis y es cuestionada por múltiples y justas razones, sostendré que el principal desafío que enfrenta la humanidad en el presente es, precisamente, progresar, desplegar aún más las potencialidades del hombre, abrir nuevos horizontes a la experiencia humana, avanzar hacia una mayor plenitud tanto a nivel individual como colectivo, o si se quiere resumir lo anterior en una palabra sola, evolucionar. Ello requiere e implica desarrollar una nueva cosmovisión. Esta es la hipótesis que en esta presentación quiero proponer a la reflexión, la crítica y el análisis de ustedes.

Para comprender esta hipótesis es necesario ponerse en la perspectiva de la historia larga de la humanidad, y aún más allá, en la perspectiva de la evolución de la vida, y alcanzar incluso la que he llamado ‘conciencia noética’, como explicaré más adelante.

Si miramos y analizamos la realidad actual manteniéndonos en los marcos de la civilización moderna, que es capitalista en lo económico, estatista en lo político, y materialista en lo cultural, no podemos sino ser pesimistas respecto del futuro, y estar desesperanzados y desorientados. Pues, por un lado reconoceremos que en esta civilización la humanidad ha dado pasos gigantescos de progreso al haber generado formas de producción industrial altamente eficientes, un mercado global que permite acceder a una gama muy vasta de bienes, unas tecnologías avanzadísimas, unos estados capaces de proporcionar ciertos niveles de bienestar y protección social, unos medios de comunicación sorprendentes, inéditos niveles de consumo de bienes y servicios para un porcentaje importante de la población, notable expansión de la educación en todos los niveles, y un significativo alargamiento de las expectativas de vida. Pero al mismo tiempo, por otro lado, reconoceremos que todo esto se encuentra amenazado, en peligro de no ser sustentable en el futuro próximo, atravesado por gravísimos problemas sociales, políticos, ecológicos, ambientales, hasta el punto que muchos perciben que la sobrevivencia misma de la humanidad no está asegurada. Y por un tercer lado, todo lo que se ha logrado parece dejar a gran parte de la humanidad al margen de los beneficios, y a multitudes insatisfechas, dándose lugar a protestas, indignación, rechazo y oposición que pueden incluso alcanzar la fuerza suficiente para destruir esos logros o deteriorarlos seriamente. En mi opinión, el problema principal consiste en que esta civilización capitalista, estatista y materialista, ha dado de sí todo lo que podía ofrecer, y no está en condiciones de resolver esos problemas y de satisfacer las demandas sociales y las aspiraciones humanas. Por todo lo anterior cunde el pesimismo, la desorientación y la desesperanza.

De este estado de ánimo sólo es posible salir, y a partir de ello descubrir las posibilidades de progreso y avance hacia niveles de vida humana más plenos, poniéndonos en un punto de vista superior al de la civilización moderna en que estamos todavía inmersos. La dificultad principal para ello consiste en que, junto con experimentar y vivir la crisis de la civilización moderna, hemos dejado de creer y de confiar en el hombre, en la vida, en la naturaleza y en el espíritu.

El capitalismo nos ha convencido de que los seres humanos somos naturalmente egoístas, competitivos, ávidos. El estatismo nos ha convencido de que somos incapaces de autogobernarnos éticamente, siendo posible el orden social sólo mediante la imposición del poder y combinando el garrote y la zanahoria. El materialismo nos ha convencido de que no existe ninguna realidad espiritual que buscar y hacia la cual podamos trascender, que la vida es cruel, que el universo tiende indefectiblemente hacia la dispersión y la muerte. Y en lo más próximo, que el calentamiento global y el cambio climático son irreversibles. Pero ¿podemos los seres humanos vivir y tener esperanzas sin confiar en nosotros mismos, sin pensar que el futuro puede ser mejor, y sin creer en algo superior?

He planteado en distintas formas la necesidad de transitar hacia una nueva civilización, que nosotros mismos tenemos que crear y construir en lo económico, lo político y lo cultural. Ello requiere creer en las potencialidades del ser humano, y comporta una nueva concepción del hombre, de la vida y del universo. Se necesita una nueva cosmovisión, la que solamente puede sustentarse en lo más avanzado que hemos conocido hasta hoy mediante las ciencias, las filosofías y las sabidurías.

Desde los tiempos más remotos los hombres han mirado el cielo e interrogado a los astros del firmamento buscando respuestas a los grandes misterios del ser, de la vida y de la existencia humana. Podemos decir, en tal sentido, que el cielo ha provisto a la humanidad con sucesivas revelaciones. En efecto, los asirios, los chinos, los egipcios, los hebreos, loss hindúes, los mayas, los griegos, etc. han realizado distintas lecturas del cielo estrellado, escuchando sus voces y encontrando en él presencias arcanas y esotéricas. Se llaman precisamente “cosmovisiones’ esas grandes concepciones del mundo, de la vida y del hombre que distinguen a las culturas y civilizaciones.

Hoy el conocimiento científico, que constituye una nueva lectura del universo (de la materia, de la vida y del conocimiento), nos proporciona nuevas respuestas, y nos permite encontrar en las dinámicas espacio temporales del cosmos y de la vida las causas, el sentido y el fin del cambio permanente e irreversible que mueve a todo el ser. Es como una nueva revelación de lo que somos y del lugar que ocupamos en el universo. Mediante la comprensión filosófica y la sabia meditación sobre lo que nos enseñan las ciencias, adquirimos una nueva perspectiva y visión de la realidad, que nos lleva a valorar con otros ojos la exuberancia de la materia, la diversidad de la vida, la profundidad de la conciencia, los alcances del espíritu humano.

En el libro El Cosmos Noético mostré cómo la ciencia pone de manifiesto que el universo ha evolucionado en la precisa dirección de generar seres conscientes y cognoscentes que buscan conocerlo y que se preguntan por el sentido del todo. La Cosmonoésis consiste en ponerse en el punto de vista del Cosmos Noético, que mira en perspectiva el universo, la evolución y la hitoria, desde la formación de la materia hasta el surgimiento del espíritu en el individuo humano. Para acceder a dicho punto de vista es necesario un proceso de unificación y universalización del conocimiento, un conocimiento comprensivo de la complejidad.

Sabemos hoy que en nuestro pequeño planeta, que gira en torno a una estrella enana al borde de uno de los brazos de estrellas que forman una de las tantas galaxias que hay en el Cosmos, emergió la vida, la sensibilidad, la conciencia autoconsciente, el intelecto racional y parece que también el espíritu supraconsciente. En el proceso de unificación del conocimiento empezamos a tomar conciencia del Cosmos Noético.

No sabemos aún con certeza si en algún otro lugar del universo se hayan verificado las particularísimas condiciones que en la tierra hicieron posible que anidaran el conocimiento, las artes y el amor. Lo que sí sabemos es que, habiendo llegado a ser sujetos autónomos, conscientes y libres, que se guían en su acción por sus propias capacidades cognitivas, que se ponen libremente anhelos y fines, y crean los medios necesarios para realizarlos, los humanos tenemos con el Universo entero, con el Cosmos Noético que nos dió la vida, la conciencia, la razón y (tal vez) el espíritu, una responsabilidad tan inmensa y trascendente que nos cuesta comprenderla y asumirla en toda su dimensión y en su profundo significado.

Ante todo, somos responsables de nuestro planeta, de la vida en la exuberancia de su diversidad y en la armonía y equilibrio de su ecología. Nuestra especie ha poblado la tierra y en su afán de subsistir y progresar ha empleado energías y recursos naturales que pueden agotarse si continuamos empleándolos desaprensivamente. En la civilización moderna, la del industrialismo y el estatismo, hemos deteriorado la estratósfera (la capa de ozono), la atmósfera (polución y contaminación, cambio climático), la geósfera (desertificación, erosión), la hidrósfera (contaminación de los mares, ríos, lluvia ácida, pérdida de las napas), la biósfera (extinción de especies, desequilibrios ecológicos, deforestación), y ahora hemos ya comenzado a dañar el subsuelo (fracking). Es necesario cambiar radicalmente nuestros modos de relacionarnos con la naturaleza y de actuar en ella, siendo de nuestra responsabilidad permitir que muchas futuras generaciones puedan habitar felizmente nuestro mundo.

Somos igualmente responsables de extender y profundizar el conocimiento de las realidades física, biológica, cognoscente y espiritual, y de aplicarlo para preservarlas, desarrollarlas y perfeccionarlas. En ese sentido tenemos la tarea que nos ha planteado el universo al generarnos - después de 13.600.000.000 de años de evolución de la materia - como órganos capaces de conocerlo.

Somos responsables de nosotros mismos, de cada uno de los hombres y mujeres provistos de tan magníficas potencialidades, y de la sociedad que formamos entre todos y que necesitamos organizar de los modos más justos y solidarios para que podamos desplegar nuestras experiencias y búsquedas, nuestros sueños y creaciones, en armonía y en paz, generando nuevas experiencias y avanzando hacia la plenitud posible.

Cuando empezamos a comprender el lugar que ocupamos en el Universo y alcanzamos la que podemos denominar Conciencia Noética, nos percatamos de estar llamados, e internamente motivados, a evolucionar y realizar un cambio cualitativo en nuestros modos de vivir y de sentir, de pensar y de conocer, de relacionarnos con la naturaleza y entre nosotros, de comunicarnos y de actuar.

Comprendemos que lo que hemos realizado los humanos hasta ahora no ha sido más que una laboriosa preparación hacia algo que vislumbramos como decididamente superior a lo que hemos experimentado y conocido.

Como humanidad hemos realizado obras notables. Un logro magnífico, reciente, es el domino de aquellas energías y ondas electromagnéticas que nos permiten comunicarnos trascendiendo los límites del espacio y del tiempo que nos tuvieron por siglos limitados en nuestras capacidades de comunicarnos y coordinarnos a nivel planetario. Sobre las bases de la conciencia planetaria, del conocimiento científico, de las nuevas formas de comunicación, de la solidaridad humana y de las energías morales y espirituales que hemos desarrollado y que podemos expandir y perfeccionar, tenemos la posibilidad de crear una nueva y superior civilización.

Nuestras responsabilidades son tan grandes como nuestras potencialidades, y ambas constituyen la que podemos entender como la misión que nos incumbe, asumiendo que somos, en la tierra y quizás si en el universo, lo más reciente y nuevo, lo último que ha generado el Cosmos Noético, la más avanzada realidad que ha surgido en el proceso evolutivo universal.

Si lo comprendemos, asumiremos que nuestra misión evolutiva y nuestra tarea histórica es hacer surgir en cada uno de nosotros el espíritu, desde el cual y con el cual podremos realizar todo lo demás: progresar humanamente, salvaguardar la ecología y el planeta, reorganizar la sociedad, crear una civilización superior que facilite el más pleno desarrollo humano, desplegar el conocimiento, las artes y el amor en todas sus formas y manifestaciones.

(Para una visión panorámica del conjunto de mis obras, enmarcadas en aspectos relevantes de mi vida personal, ver http://www.luisrazeto.net/content/una-presentaci%C3%B3n-muy-personal-de-mis-escritos , pues aquí no hay más espacio disponible).

Luis Razeto Migliaro

Popular items by Luis Razeto Migliaro

View all offers
Showing 8 of 38 titles