Acabar Con El Mito del Sida
Language: Spanish
Published by Obelisco, 2012
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- Title
- Acabar Con El Mito del Sida
- Author
- A01; Moritz, Andreas
- Publisher
- Obelisco
- Publication year
- 2012
- Condition
- Good
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- No Jacket
- Binding
- Paperback
- Language
- Spanish
- ISBN 10
- 8497779053
- ISBN 13
- 9788497779050
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Acabar con el mito del sida
Ha llegado el momento de curar sus causas reales
By Andreas MoritzEDICIONES OBELISCO
All rights reserved.
Contents
Reconsiderar el sida, 7,
El VIH, un inofensivo virus pasajero, 11,
Pruebas erróneas del VIH: La verdadera causa de la epidemia del sida, 12,
El VIH no puede causar más problemas que una gripe, 20,
El VIH se comporta como cualquier otro virus, 22,
Examen de las investigaciones realizadas, 24,
¿VIH + neumonía = sida?, 26,
Graves manipulaciones estadísticas, 28,
El VIH no es un virus nuevo, 33,
Nuevos indicios: el VIH raramente se propaga por vía heterosexual, 35,
¿Quién contrae el sida?, 37,
Las causas reales del sida, 39,
Las drogas, 39,
Los antibióticos, 44,
Transfusiones de sangre, 45,
Sida: un trastorno metabólico, no una enfermedad infecciosa, 48,
Los medicamentos para el sida provocan el sida, 55,
Sida: una toma de conciencia, 61,
Dos grandes remedios, 63,
Té de Ojibwa, el preparado Essiac de 8 hierbas: ¿un remedio para todas las dolencias?, 66,
Acerca del autor, 71,
Otras obras del autor, 73,
Técnicas curativas, productos y servicios del autor, 81,
CHAPTER 1
Reconsiderar el sida
Los primeros casos de sida se diagnosticaron en 1980,pero a pesar de los descomunales esfuerzos de científicosy políticos, el sida sigue siendo una enfermedad misteriosa.Se cree que su causa es el VIH, virus de inmunodeficienciahumana, pero los científicos aún no hanencontrado un antídoto para esta enfermedad. Hasta eldía de hoy no existe una explicación médica convincentede cómo el patógeno VIH causa el sida. La teoría actualsobre esta dolencia no alcanza a determinar el tipo desida que una persona infectada puede desarrollar y noexiste un método preciso que establezca cuánto tiempotardará en aparecer la enfermedad. La teoría del VIH/sida no aporta ninguna información que permita identificarrealmente qué personas corren el riesgo de desarrollarla dolencia.
En cuanto al «tratamiento» del sida, hasta hace muypoco, los pacientes podían escoger entre unos cuantosmedicamentos que originariamente se habían creado parala quimioterapia contra el cáncer, pero tenían que enfrentarsea ciertos efectos secundarios, como anemia,pérdida del cabello, degeneración muscular, náuseas yotros efectos inmunosupresores. En un primer momentoparecía que un nuevo cóctel formado por tres medicamentos–inhibidores de la proteasa–, menos tóxicos quelos utilizados originalmente, sería capaz de acabar con elVIH. Sin embargo, el índice de fracaso de los nuevos fármacosha alcanzado el 50 % y sigue aumentando, pues lasdiferentes cepas del VIH desarrollan resistencia a ellos.En la actualidad, ya hay entre un 20 y un 30 % de pacientesinfectados con virus resistentes a los inhibidores de laproteasa y la situación empeora cada día. Si bien los fármacoshan proporcionado a muchos pacientes de sidauna «nueva esperanza de vida» (no necesariamente porquelos medicamentos acaben con el VIH, sino porqueademás atenúan la mayor parte de los demás agentes patógenos,al menos durante un tiempo), la euforia inicialsobre el tratamiento del sida se ha ido atenuando, así comola esperanza de conseguir su curación, al menos en elámbito de la medicina.
El hecho de que no exista un período de latencia fiable–el tiempo que transcurre desde que una persona seinfecta del VIH hasta que desarrolla los síntomas del sida– impideprácticamente predecir el inicio de la enfermedad.A las primeras víctimas se les dijo que podían moriral cabo de un año de infectarse, pero en la actualidadese período de gracia se alarga hasta 12 o 15 años, lo cualpone en duda el tratamiento inmediato tras la infeccióndel VIH. La mayoría de las personas infectadas por el VIHsiguen sin sufrir sida y tan sólo un pequeño porcentaje deellas desarrollan los síntomas típicos, como neumonía,leucemia o demencia.
Para complicar aún más las cosas, las autoridades sanitariasson incapaces de pronosticar cuántas personas resultaránafectadas por el sida en el futuro, pues sólo unreducido porcentaje del millón de norteamericanos infectadospor el VIH, por ejemplo, desarrollarán la enfermedad.Durante la primera veintena de años de existenciade la epidemia, el 95 % de los casos de sida tenía lugaren los principales grupos de riesgo: homosexuales muypromiscuos, heroinómanos y (en algunos pocos casos)hemofílicos, pero desde entonces ha aumentado sin cesarel número de hombres y mujeres heterosexuales que handado positivo en la prueba del VIH.
Según cálculos oficiales, dos tercios de las personas infectadaspor el virus se encuentran en África, donde surgióla epidemia en el transcurso de la década de 1990, yun tercio en Asia, donde la epidemia se ha extendido rápidamenteen los últimos años. A finales de 2003, alrededorde unos 34,6 a 42,3 millones de personas de todo elmundo estaban infectadas con el virus, y más de 20 millonesya habían muerto de sida. Sólo en ese año, alrededorde 4,8 millones de personas se infectaron con el VIH yunos 2,9 millones murieron de sida. Sin embargo, tal comoveremos más adelante, esas cifras son en buena medidaerróneas y han sido manipuladas.
Cuatro años antes, en 1999, las estadísticas mostrabanunas cifras que de ningún modo respaldan las actuales.Según la tasa de mortalidad oficial –entre un 50 y un100 % de las personas infectadas del VIH–, deberían haberseregistrado muchas más muertes en África, donde elnúmero de infectados en ese período se estimaba en nadamenos que de 6 a 8 millones de personas; y también enHaití, donde más del 6 % de la población había dado positivoen la prueba del virus. Sin embargo, en la década de1990, en el continente africano se produjeron tan sólo250.000 casos de sida, y en Haití prácticamente ninguno.Ello nos lleva a una pregunta simple, pero sumamenteimportante y casi olvidada en relación con el sida: «¿cuáles la causa?».
Hasta ahora no hay pruebas científicas que demuestrenque el sida sea una enfermedad contagiosa, aunquela mayoría de las personas así lo crean. Lo que sí se sabesegún las últimas investigaciones publicadas es que elVIH se contagia heterosexualmente en casos extremadamenteraros y que, por consiguiente, puede que no searesponsable de una epidemia que afecta a millones devíctimas de sida en todo el mundo. Tampoco hay pruebasde que el VIH sea el causante del sida. Por otra parte, esun hecho demostrado que el retrovirus VIH, constituidopor fragmentos de genes humanos, es incapaz de destruircélulas humanas, si bien la destrucción celular es una delas características principales de todas las manifestacionesdel sida. Incluso el principal descubridor del VIH, LucMontagnier, ya no cree que el VIH sea el único responsabledel sida, y, de hecho, ha demostrado que el VIH por sísólo no puede provocar el sida. Cada vez hay más pruebasde que el sida es un síndrome de toxicidad o un trastornometabólico causado por factores de riesgo inmunitario,entre otros, la heroína, los fármacos para potenciar lasexualidad, los antibióticos, los medicamentos que se recetangeneralmente para el tratamiento del sida, el sexoanal, la inanición, la malnutrición y la deshidratación.Docenas de eminentes científicos que están hoy en díatrabajando en primera línea de la investigación sobre elsida cuestionan abiertamente la hipótesis de que se tratede una enfermedad de origen vírico.
El VIH, un inofensivo virus pasajero
Cuando un germen o un virus infecta a una persona, elmicrobio causante de la enfermedad permanece presente,en elevadas concentraciones, en el organismo del paciente.En el caso del sida debería encontrarse gran cantidadde material vírico en los tejidos afectados, ya queuna cantidad reducida no sería suficiente para ocasionaruna destrucción tan masiva como la que se produce en elcuerpo de una víctima de sida. Por consiguiente, el materialvírico activo debería estar profusamente presente enlos glóbulos blancos del sistema inmunitario, especialmenteen las células auxiliares T, así como en las lesionesdel sarcoma de Kaposi y en las neuronas cerebrales de laspersonas afectadas de demencia. Pero no se produce esecaso. El retrovirus VIH no se encuentra en ninguna de lasenfermedades de los tejidos de enfermos de sida. Este hechopor sí solo debería hacer sospechar a todo el mundosobre la afirmación de que el VIH es el causante de ladestrucción de los órganos y sistemas del cuerpo.
Si el VIH fuera capaz de infectar a las células T u otraspartes del sistema inmunitario, entonces, como sucede enel caso de otros tipos de infecciones víricas, las partículasvíricas o viriones se detectarían fácilmente en el torrentesanguíneo. Sin embargo, en la mayoría de los pacientes desida no se encuentran virus por ningún lado, y en los demásse hallan tan pocos virus en la sangre que ni siquierapodrían causar un simple resfriado. Por consiguiente, lospacientes de sida son seronegativos en la prueba del VIH.En realidad, los 20 millones de muertes atribuidas al sidano han sido causadas por el VIH, sino por otras razones.
Al igual que otros virus, el VIH se inactiva a causa de larápida producción de anticuerpos por parte del sistemainmunitario del individuo infectado. Cuando, al principio,el VIH infecta el cuerpo, puede alcanzar elevadasconcentraciones y durante un breve espacio de tiempoocasionar, en todo caso, síntomas similares a los de unagripe ligera. Entonces, el sistema inmunitario neutralizarápidamente el retrovirus y lo deja en estado latente. Puestoque los pacientes de sida que dieron resultado positivoen la prueba del VIH se habían infectado muchos añosantes de morir, su retrovirus VIH permanece inactivo.
La prueba del VIH sólo puede detectar el virus latente,inactivo, o bien los anticuerpos que produce el sistemainmunitario para conservar la inmunidad frente al virusen el futuro. Por consiguiente, la propia prueba del VIHdemuestra la inocuidad del VIH. Aunque muy pocas vecesse menciona en las publicaciones médicas, nunca seha encontrado el VIH en los ganglios linfáticos, en lascélulas macrófagas o dendríticas ni en ninguna otra partedel cuerpo de una víctima de sida; ni siquiera se ha vistoseñal alguna de infección oculta de virus. Si el VIH fuerael responsable de la destrucción del sistema inmunitariohumano, tendría que estar presente en el lugar donde seocasionó la destrucción, pero no es éste el caso.
Pruebas erróneas del VIH:La verdadera causa de la epidemia del sida
Cuando a Judith le diagnosticaron que era VIH positivole dijeron que podía tomar ciertos medicamentos contrael sida para protegerse de la enfermedad, al menos duranteun tiempo. Pero cuando se enteró de lo mal que lepodían sentar esos fármacos, decidió no tomarlos. Transcurridos18 meses desde el diagnóstico inicial, Judith nomostraba signo alguno de estar enferma, así que su médicole recomendó volver a hacerse la prueba. Puesto que elnuevo cultivo dio resultado negativo, se hizo otro que dioun resultado impreciso. Para acabar de complicar una situaciónya de por sí bastante confusa, el tercer análisis diopositivo al VIH. Incapaz de entender con todas esas pruebasqué era lo que realmente le estaba pasando, Judithempezó a investigar en las publicaciones médicas y comprobóque las pruebas del VIH son muy imprecisas y queincluso la hipótesis del VIH no era en absoluto correcta.
Después del resultado positivo, Judith tuvo dos hijos(que ahora tienen ya dos y seis años de edad), quienes, aligual que ella, son la viva imagen de la salud, sin rastro deninguna enfermedad grave. Nunca les ha hecho a sus hijosla prueba del VIH. Toda su familia come alimentosnaturales, biológicos, y disfruta de una vida completamentenormal. Judith y sus hijos no están solos; hay milesde personas que tienen el VIH, que no toman medicamentospara el sida y no muestran síntomas de ningunaenfermedad. Pero son relativamente pocas las personasque se libran de una prueba tan poco fiable.
El VIH sólo se detecta en el cuerpo humano una vezque el sistema inmunitario ha matado al virus con los anticuerpos.La presencia de anticuerpos del VIH demuestraque el virus ha quedado neutralizado y ya no puedecausar más daños. De modo que la prueba del VIH deberíaser un procedimiento encaminado a informar a laspersonas infectadas de que el virus ha sido efectivamentedestruido, y no a notificarles una sentencia de muerte.
La prueba del VIH que más se utiliza actualmente es lallamada ELISA, que en teoría parece ser una prueba precisa.A una muestra de sangre del paciente se agrega unacombinación de proteínas del VIH; si la sangre contieneanticuerpos del VIH, reacciona a las proteínas. Se suponeque ello demuestra que el paciente ha sido infectado porel VIH. Hay otra prueba llamada WESTERN BLOT que serealiza a menudo para confirmar el resultado de la primera.Además de no poder detectar el virus real en la sangredel paciente, esas pruebas son tan poco fiables que nosólo no sirven de nada, sino que causan traumas y sufrimientosnunca vistos en todo el mundo. En Rusia, en1990, después de que 20.000 «pacientes» dieran positivoen la prueba ELISA, sólo en 112 casos se confirmó el diagnósticoen la prueba de WESTERN BLOT. El gobierno francésha retirado recientemente nueve pruebas del VIH porresultar poco fiables. Si se aplicaran las proporciones realesde estas pruebas a los 40 millones de personas supuestamenteinfectadas en todo el mundo, daría un total deapenas 224.719 personas infectadas de VIH. Nadie calificaríaesto de epidemia, sobre todo cuando la mayoría delas personas infectadas de VIH que no siguen tratamientofarmacológico alguno llevan una vida sana y normal, comoes el caso de Judith y sus hijos.
La cifra indicada anteriormente puede ser, de hecho,mucho más baja. La única razón por la que sigue aumentandola lista de víctimas del VIH estriba en que la pruebapara diagnosticar esta enfermedad se aplica a cada vezmás personas. Las pruebas del VIH más utilizadas son lasde detección de anticuerpos, lo que significa que puedeproducirse una reacción cruzada con las proteínas normalesde la sangre humana. Tanto la prueba ELISA comoWESTERN BLOT reaccionan a las proteínas que compartencon todos los demás retrovirus que se encuentran en elcuerpo humano. P24 es una de esas proteínas. Si se tieneen cuenta el gran número de retrovirus existentes en elcuerpo, si un paciente ha producido anticuerpos a p24, locual suele aceptarse como prueba de la presencia delVIH, las probabilidades de que esté realmente infectadopor el VIH son muy escasas. De hecho, existen cerca de 70afecciones comunes –todas ellas catalogadas médicamente– quese sabe pueden hacer que los test den positivo,desde infecciones por hongos hasta resfriados, gripes, artritisreumatoide, hepatitis, herpes, inoculaciones recientes,drogas o incluso embarazos. Hay, literalmente hablando,miles de millones de personas en todo el mundo queen estos momentos se encuentran en esas condiciones ohan pasado por ellas; hacer a esas personas una pruebadel sida sería sentenciarlas automáticamente a una enfermedadque quizás no tengan. Eso es exactamente lo quese está haciendo en las campañas humanitarias contra elsida promovidas por la Organización Mundial de la Salud(OMS) y numerosas organizaciones benéficas.
Existe otra categoría de pruebas del VIH, llamadaspruebas de carga vírica, que produce muchos resultadoscontradictorios, incluso a partir de un mismo análisis desangre. Se ha hecho creer a la población en general quela prueba del VIH es una prueba fiable que determina sise está infectado por el virus o no. Si todos leyeran losdescargos de responsabilidad que acompañan a las pruebasdel VIH, quizás empezarían a sospechar algo, al menoslo suficiente para pedir más pruebas, si es que éstas sepueden llevar a cabo. Esos descargos dicen: «En este momentono hay una norma reconocida que establezca lapresencia o ausencia del anticuerpo VIH-1 en la sangrehumana» o «la prueba AMPLICOR MONITOR VIH-1 (de cargaviral) no está concebida para ser utilizada para comprobarel test del VIH o como test diagnóstico que confirmela presencia de una infección VIH», y «esta prueba nodebe utilizarse como prueba exclusiva para diagnosticaruna infección de VIH-1» (prueba de los Laboratorios Abbott,prueba de carga viral de Roche y Epitope, Test WesternBlot Test, respectivamente). Y, para colmo, las pruebaspueden dar resultado positivo en casos de «embarazoprevio, transfusiones de sangre ... y otras reacciones potencialesno específicas» (prueba Vironostika VIH, 2003).
Si las pruebas del VIH no deben utilizarse con fines dediagnóstico, entonces cabe preguntarse ¿para qué sirven?¿Por qué en África y Asia se someten cientos de millonesde personas a las pruebas de sida si esas pruebas no deberíanutilizarse para confirmar la presencia del VIH?¿Cuántas «reacciones potenciales no específicas» puedeninfluir en el resultado de la prueba del VIH? Y, además,¿por qué la OMS declara que hay cerca de 40 millones depersonas en el mundo infectadas de sida si esta organizaciónmundial sabe muy bien que las pruebas no puedenutilizarse para respaldar esta afirmación?
Las pruebas del sida se utilizan para hacer estadísticasde una epidemia sin ningún respaldo científico, pero haygente inocente que las acepta ciegamente, pues no tienenpor qué creer que les están engañando con algo tanserio como una enfermedad letal. Esta información deberíacomunicarse a toda persona que haya dado positivoen la prueba del VIH, pero, de hecho, se oculta a muchosde esos «pacientes». A menos que investiguen por sucuenta, cosa que no es de esperar en el caso de la inmensamayoría de africanos, asiáticos y sudamericanos, esaspersonas atemorizadas, confusas e ingenuas se ven inducidasa creer que están infectadas por un virus letal. Lamayoría de las personas que participan activamente en lalucha contra el sida ni siquiera conocen los datos científicos,o la falta de los mismos, que subyacen en la teoría delVIH y en esos procedimientos de prueba.
(Continues...)
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